Tempus fugit, carpe diem

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El mundo en que vivimos es un mundo vertiginoso. Corremos y corremos pero frecuentemente, sin conciencia sin saber muy bien hacia a donde vamos. Nos levantamos con el tiempo justo, nos aseamos rápidamente, engullimos algo, acompañamos los niños… llegamos reventados, nos enchufamos a la TV y caemos en coma (si no tenemos insomnio). Como resultado, nos encontramos sin energía y entramos en una espiral parecida a la rata de laboratorio corriendo en una noria y, mientras tanto… la vida se nos escapa.

Pedram Shojai lo llama Síndrome de compresión del tiempo (SCT): muchas cosas que hacer en muy poco tiempo. A pesar de que en nuestra sociedad, donde la productividad impera, relajarse es frecuentemente visto como pereza o debilidad, el SCT nos lleva irremediablemente al estrés, a perder el presente pues siempre estaremos esperando un ahora menos caótico, viviremos sin conciencia del presente y esperando un futuro más calmado en donde podremos realmente vivir.

dineroSe dice que el tiempo es oro y el tiempo se escapa. Pero, así como hacemos algo es como lo hacemos todo y si somos incapaces de relajarnos y disfrutar el momento presente, ahora, no lo seremos nunca. Así vivimos inconscientemente, dejando que la sociedad nos imponga lo que tenemos que comprar, como tenemos que vivir, qué tipo de trabajo hemos de tener… y vivir una vida que no es la nuestra, que nos ha sido impuesta de forma sutil e inconsciente: “No puedes parar, sigue, sigue”. Vamos por la vida como siguiendo un GPS, que nos conduce por la vía elegida, pero sin ver la flor que ha florecido en el jardín, o la puesta de sol entre las nubes, o… pero así llegamos a tiempo para ver el partido en la TV, ¡aleluya!

El tiempo puede ser un regalo o puede ser una amenaza, dependiendo de cómo lo gestionamos. Suspiramos por tener más tiempo, pero dejamos que se nos escape en actividades que no nos llenan, que no nos traen felicidad o mejoran nuestra salud. “Matar el tiempo es matar la Vida” y al final somos como zombies corriendo hacia ningún lado.

Nos han vendido un tiempo lineal, matemático, pero el tiempo vital es muy diferente: se expande o se contrae según la percepción psicológica subjetiva. Por otro lado, lo tratamos como un enemigo, algo ingrato, que nos esclaviza, que se nos escapa irremediablemente. Tenemos que hacer las paces con el tiempo, luchando contra él no conseguiremos nada, siempre nos vencerá pues es implacable. Nuestra relación con el tiempo parece irrefutable, pero no lo es.

¿La solución?

Para adentrarnos en la solución empecemos con latinajos. Tempus fugit: “el tiempo vuela”, el tiempo huye de forma irreparable. En consecuencia, Carpe diem: “aprovecha el momento”, frase célebre de Horacio. ¿Entonces? ¿A correr más y más? Aparentemente eso parece. Sin embargo, Augusto nos propone un oxímoron: festina lente, “apresúrate lentamente”, o como dice nuestro refranero: “Vísteme despacio que tengo prisa”. Y ya que estamos con latinajos, uno inquietante y brutalmente estoico(praemeditatio malorum), Omnes feriunt, ultima necat. “todas hieren, la última mata”, cada hora que pasa nos hiere, nos resta en el balance total de horas a disfrutar, hasta que finalmente llega la última en la cual ponemos fin. Si somos conscientes nos damos cuenta de cómo hemos desperdiciado gran parte de las horas disponibles, viviendo en el pasado, temiendo el futuro o comprimiendo el presente sin saborearlo.

Correr más para hacer más cosas en menos tiempoblake3 el lo opuesto a disfrutar el momento, el momento se disfruta cuando lo saboreamos, cuando tenemos plena consciencia. Cuando nos damos cuenta de la situación de cómo el tiempo se nos escapa, es cuando podemos aprender a ralentizarnos y a disfrutar. No es mejor concertista el que acaba el concierto un 20% más rápido que los demás. Hay que abrir lo ojos y ver la realidad y empezar a vivir abandonando los programas mentales automáticos.

Un pequeño cuento.

La historia trata de un ejecutivo muy ocupado con su trabajo. Todos los días llegaba tarde a su casa y tras saludar a su hija, se metía en el despacho a seguir trabajando.

Su niñita de 5 años acudía a verle, porque deseaba estar con su papi, pero siempre la regañaba diciéndole que tenía mucho trabajo.

La historia se repetía una y otra vez, hasta que un día la niña, al sentirse regañada de nuevo, en vez de irse, se volvió a su padre y le preguntó:

Hija: Papi, tú en tu trabajo ganas mucho dinero ¿verdad?

Padre: Pues no hija, gano dinero pero no mucho, por eso tengo que seguir trabajando en casa.

Hija: Papi ¿Me podrías decir cuánto ganas en 1 hora en tu trabajo?

Padre: Hija, me haces unas preguntas… Por favor, déjame que tengo muchas cosas que hacer.

Ante lo cual, la niña lejos de darse por vencida, volvió a preguntarle a su padre.

Hija: Papi, de verdad, dime cuánto ganas en una hora en tu trabajo.

Padre: Si te lo digo ¿me dejarás que siga? – Le preguntó inquisitoriamente el padre –

Hija: Sí, dímelo y me voy.

Padre: Pues… – y se puso a hacer cálculos- aproximadamente unos 10 euros.

Hija: Gracias – dijo la niña marchándose de inmediato –

El padre se quedó desconcertado por la insistente pregunta de la niña, pero se puso de nuevo a trabajar hasta que oyó un estruendo enorme que provenía del cuarto de su hija. Por lo que se levantó enfurecido dispuesto a regañarla de nuevo, convencido, que la niña había roto algo importante.

Cuando entró en el cuarto de la pequeña, vio que ella estaba en el suelo con la hucha de barro rota en mil pedazos y contando las monedas…

Justo cuando el padre iba a empezar a lanzar sus chillidos más feroces por lo que había hecho la niña, se acercó mirándole a los ojos y con las manos llenas de monedas, le dijo:

Hija: Papi, toma este dinero.

El padre desconcertado puso las manos y recogió el dinero que le daba su hija y le preguntó…

Padre: Pero hija, ¿por qué me das este dinero?

Hija: Papi, te compro una hora de tu tiempo…

El padre debía estar pensando, de forma automática e inconsciente, que trabajaba duro para su familia, mientras perdía a su familia. La clave es la consciencia, “ver” exactamente lo que hacemos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos. Sobre todo centrarse en el cómo, porque como ya hemos comentado, tal cómo hacemos una cosa lo hacemos todo.

Proponen los psicólogos que en el caso de encontrarnos con un pensamiento negativo, debemos contrarrestarlo con uno positivo. Por ejemplo:

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Hacer y Tener, son dos de las enfermedades más devastadoras que del mundo moderno. En cambio Ser se ha convertido en un arte perdido. Por ejemplo, vamos de vacaciones y acumulamos lugares, hacemos mil y una actividades, pero nos olvidamos de ser, de armonizarnos con nosotros mismos, de descansar si nos apetece, de comer si nos apetece, de practicar “el dolce fer niente” si nos apetece… de, en resumen, aprovechar para incrementar nuestra conciencia vital y relativizar la vorágine del día a día.

Los taoístas, los estoicos reivindicaban una acercamiento a la Naturaleza, y la ésta es en sí misma cíclica, hay momentos de actividad y momentos de descanso, tanto en el tránsito del día a la noche, como en el tránsito de las estaciones. Por otro lado, está en constante cambio y debemos aprender también a danzar con el cambio.

imagenes-con-frases-de-la-menteCon la meditación aprendemos a expander el tiempo presente, como dice Thich Nath Hahn: “Respira, sonríe, ve despacio”. No hay prisa para llegar al futuro, que al final nos lleva a la muerte. Hay que disfrutar el presente mediante la conciencia que nos brinda acceso al aquí y ahora, allí donde reside todo el Poder y la Fuerza, allí donde podemos acceder a nuestra facultades, allí donde podemos vivir relajadamente y mostrando nuestra maestría. La Eternidad no es un tiempo muy muy largo, es un tiempo Infinito que se da en un instante.

Podemos mejorar la calidad de nuestro tiempo a través de la respiración y dedicarnos tiempo a nosotros mismos es lo más importante que podemos hacer para incrementar nuestro desarrollo personal y nuestra salud, física y mental. Sin ello, nos pasará como con el pequeño cuento de la niña. En lugar de prestar atención a nosotros y a lo que realmente nos importa, intentaremos llenar nuestro tiempo con actividades, proyectos, relaciones sociales vacías… por no haber aprendido a parar a tiempo y analizar lo que es realmente importante para nosotros. Somos como un torbellino sin centro. Por eso tenemos que aprender a decir no, a las cosas que no nos nutren, a las cosas que nos vacían o que nos aceleran innecesariamente. A las noticias, a los compromisos sociales que no nos aportan nada, a los programas de TV que nos embotan la mente, a las horas de trabajo innecesarias y que no nos aportan valor…

para-poder-contemplar-y-fluirDebemos aprender a calmarnos y buscar nuestro centro, nuestro hara. En el estado de meditación, el córtex prefrontal nos ayuda a controlar los impulsos y a controlar la actividad meramente reactiva y sintonizarnos con el presente. Cuando llegamos a Ser uno con el presente, llegamos al estado que los atletas, los meditadores y los psicólogos como Mihály Csíkszentmihályi denominan fluir. En ese estado la acción se realiza de forma eficiente, por si misma, mientras la mente permanece en calma y la conciencia observa lo que ocurre. Es lo que los taoistas llaman wu-wei.

Sin esa perspectiva, nuestra mente loca de mono, nos llevará cada vez más a la locura y al desenfreno haciéndonos creer que todo lo podemos solucionar con un café más para arrancar, o con unas copas, para relajarnos, y que así controlamos nuestra vida y nuestra vitalidad. Debemos aprender a movernos con la Naturaleza, relajarnos o ponernos en acción siguiendo el ritmo y el fluir del Universo.

Resumiendo, para superar la compresión del tiempo, debemos aprender a ser conscientes del instante presente, en donde reside nuestro Poder, y aprender a abrazar el cambio ya que todo es impermanente y fluye y en la medida que sepamos fluir con las circunstancias controlaremos nuestra Vida. La tranquilidad no supone inmovilismo, sino aprender a moverse como el surfista que cabalga las olas haciéndose uno con ellas. “Ser esclavos del tiempo es el mayor fracaso en el intento de entender quienes somos realmente”

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Despertar cada mañana es una oportunidad para vivir plenamente, con consciencia. ¡No la desaproveches!

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Un comentario en “Tempus fugit, carpe diem

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