Ante todo: calma.

 

“Si pierdes las posesiones, pierdes un poco.

Si pierdes la salud, pierdes bastante.

Si pierdes la calma, lo pierdes todo,”

(Proverbio chino)

Tom Wolfe en su libro Elegidos para la gloria, que después se convirtió en película, describe la vida, y muerte de algunos, de los pilotos de pruebas para superar la velocidad de la luz y de la selección y el entrenamiento de los primeros astronautas de Estados Unidos.

En principio los astronautas debían ser solamente transportados, tal como se hizo con los primeros monos y eso provocó una “huelga” de los seleccionados que exigían ser lo que eran: pilotos.

Fueron sometidos a un entrenamiento intensivo, en el cual incluso se les utilizaba como conejillos de indias, y la habilidad sobre la cual más le hicieron trabajar fue sobre la de controlar el pánico. Cuando entramos en pánico, perdemos el control, cometemos errores y reaccionamos según nos dictan nuestras hormonas y nuestra genética, no como realmente sería adecuado reaccionar.

En es siguiente video, a partir del minuto 12 y durante unos pocos más, nos explica que las interrupciones, las anomalías, son partes de nuestra vida y que exponerse a la variabilidad, incrementa nuestra resiliencia y antifragilidad.

https://www.youtube.com/watch?v=Q2ByJg33_sQ

milesdefrases-com_frases_en_fotos_3289_4Perder el control es una de las mayores fuentes de problemas, para nosotros mismos y para los que nos rodean, incluso para aquel móvil que destrocé tirándolo con fuerza hacia la pared. Eso, en una pequeña cápsula espacial, en los años 60, significaba la muerte segura. El pánico es sinónimo de suicidio. Pero por otro lado, las interrupciones, los obstáculos, los problemas… son parte de la vida y no podemos evitarlos pues no dependen de nosotros.

El entrenamiento a los que fueron sometidos, es similar a lo que se explica en el vídeo, o la lo que recomendaba Séneca. Exponerse a pequeñas dosis de situaciones de pánico para incrementar nuestra hormesis. El miedo desaparece ante la autoridad y el entrenamiento es autoridad. Si nos exponemos a estrés de forma controlada, aprendemos a adaptarnos, a familiarizarnos con la situación. Si vivimos pobremente durante una semana, perdemos el miedo a la pobreza. La familiaridad las situaciones inciertas incrementa nuestra tolerancia ante el estrés.

John Glenn, el primer astronauta norteamericano en entrar en órbita, realizó su vuelo espacial sin incrementar su pulso cardíaco, no estaba sencillamente sentado a los controles, sino que tenía el control. Tom Wolfe bautizó esa actitud como “the Right Stuff”, que fue traducido al castellano, creo que acertadamente, como “lo que hay que tener”.

Nosotros en nuestra vida corriente nos enfrentamos a situaciones estresantes, a interrupciones en nuestro flujo, a problemas. La diferencia es que en el espacio el control emocional constituía la diferencia entre la vida y la muerte.

Pero la vida no es muy diferente. Los obstáculos y dificultades cambian nuestra actitud emocional. Pero, como decía Epicteto, los obstáculos no dependen de nosotros, pero nuestra actitud emocional sí, podemos aprender a mantener nuestras emociones bajo control a través de la ecuanimidad, que los estoicos llamaban aphateia.

tabla06Esa ecuanimidad surge cuando eliminamos nuestras emociones irracionales, no dejando que la negatividad se apodere de nuestra mente. ¿Cómo? Pues utilizando nuestro sistema operativo mental, cultivando un juicio sobre la realidad objetivo y desapasionado, de forma que no nos perturbe y que nuestra acción se oriente exclusivamente a resolver el problema en vez de reaccionar instintivamente ante él.

Ante la situación, debemos examinar nuestra mente y observar que se nos queda fuera. Preocuparse, ponerse nervioso, alterarse… tal vez puedan ser útiles, pero probablemente serán más un obstáculo que una ayuda. Una emoción puede ser inútil, pero lo peor es que puede ser destructiva.

“Sí, pero eso es lo que siento”. Nadie pretende que seamos unos robots sin sentimientos, que no podamos llorar. Como dice Nassim Taleb: la verdadera fuerza consiste en el control, en domesticar nuestras emociones, no en pretender que no existen.

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El estoico es el que transforma el miedo en prudencia, el dolor en transformación, los errores en aprendizaje y los deseos en compromisos.

También puede ser útil acudir al yo profundo, a la conciencia, a la parte superior del alma (para los estoicos hegemonikon). Nos podemos recordar que somos nosotros que estamos al control, no nuestras emociones basadas en juicios erróneos. “No dejaré que mis emociones distorsionen la realidad”. La lógica es la herramienta clave para controlar las emociones. “¡Ay! Pobre de mí, pobre de mí que se acabo el San Fermín”. Lo más probable es que la situación no nos lleve a la muerte, pero hacia ahí fuera, cuanta más sangre fría, más probable sería encontrar una solución. A fin de cuentas, el año próximo volverá a haber San Fermín ;-).

Hemos de practicar para que las emociones no nos arrastren, para controlarnos a nosotros mismos, sobre todo porque las emociones descontroladas no aportan nada constructivo. Por ejemplo, mediante la meditación minfulness que trataremos en más profundidad en otra entrada, que nos permite entrenar nuestra atención para aprenden a observar la mente y así desapegarnos de los pensamientos y emociones: precisamente lo que los estoicos defendían.

(Para esta entrada he seguido el libro The obstacle is the way de Ryan Holiday.)

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Un comentario en “Ante todo: calma.

  1. Pingback: Controlar las percepciones. – Estoicismo Hoy

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