El “gimnasio” estoico. Hay que “entrenar”.

Ya hemos hablado repetidamente en este blog sobre las tres disciplinas estoicas, su relación con las partes de la filosofía o como se entroncan y funcionan en el sistema operativo mental. Y más que insististiremos sobre ellos, tanto conjuntamente como por partes, ya que, a mi juicio, su comprensión y sobre todo su práctica, constituyen la base para el diseño de un sistema operativo mental más afinado y alineado con la búsqueda de la felicidad. Como dice el título de un blog dedicado al estoicismo y psicoterapia: Estoicismo y el arte de la felicidad. Veamos a continuación, siguiendo a Epicteto, en que partes se estructura la práctica del estoicismo.

Ejercitarnos en tres las tres disciplinas del Alma.

Como hemos visto y repetido, lo importante en el estoicismo, no son las construcciones teóricas, el sistema filosófico, adquirir gran cantidad de saberes “librescos”. Lo que realmente es importante es su aplicación práctica, como vivimos realmente nuestra vida; en este caso, cómo debe interrelacionarse el alma ante la realidad: primero, como la juzgamos (hypolépsis), después como ese juicio nos crea deseo o aversión (orexis) y finalmente cual es nuestra conducta ante ello (hormé); en terminología más “pedestre”: el deseo de lo bueno, el impulso a acuar correctamente y el juicio de valor sobre las cosas. No se trata de saber ni de tener, se trata de ser y de vivir de acuerdo a la Virtud, siguiendo los dictados de la Naturaleza: de la naturaleza física, de la naturaleza social y de nuestra propia naturaleza como seres que compartimos la “divinidad” a través de la Razón.

Todo concuerda con las reglas de vida:

  • aceptar lo hechos con serenidad
  • actuar con justicia
  • pensar con rectitud

La consecuencia de la práctica correcta de estas reglas, más saber lo que queda fuera de esa esfera interior y que por tanto no depende de nosotros según la horquilla estoica, nos lleva a delimitar nuestra esfera de libertad íntima, la ciudadela interior inexpugnable y no afectada por el fluir de los acontecimientos. Los estoicos lo llamaban hégemonikon, yo en el sistema operativo mental lo llamaba Yo profundo. Constituye el centro de la libertad personal y donde reside el verdadero yo, que se situa más allá de los movimientos “espasmódicos” de la mente corriente y donde se delimita lo que realmente lo que es bueno y lo que es malo, que siempre depende, según ellos, de la voluntad, de como construimos nuestro discurso interior, no de las circunstancias externas.

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Lo que no depende de nosotros sigue el curso de la Naturaleza. Cuando recibimos imágenes de la realidad, emerge de nuestra mente un juicio, un juicio que nos puede turbar o no dependiendo de él mismo, no de la qualidad de la percepción. La famosa frase del Manual de Epicteto 5: “Lo que nos afecta no son las cosas, sino las representaciones que hacemos de las cosas”. Nos afecta la idea que nos construimos de la realidad.

El juicio, por tanto, sería la parte primordial del modelosolo-hay-un-camino-a-la-felicidad-y-es-dejar-de-preocuparse-por-las-cosas-que-estan-mas-alla-del-poder-de-nuestra-voluntad-epicteto ya que es el que contruye nuestra reacción emocional ante los hechos y nuestra ulterior acción ante ellos. De ahí la importancia de construir una representación adecuada de la realidad. Si alguien sufre una desgracia no decimos si es un bien un mal, no obstante si decimos “está desesperado”, es un mal pues depende de la voluntad, en cambio si decimos “lo ha soportado con entereza”, diremos que es un bien ya que también depende de la voluntad. “Su hijo a muerto”, es una representación neutra, “es una tragedia” es un juicio de valor, una representación que nos lleva a sufrir. Epicteto insiste en la necesidad de adquirir la costumbre, de entrenarse, para ver realmente como son las cosas: no hay más mal que el mal moral, ni más bien que el bien moral que equivale a la felicidad.

La esfera de la acción se desarrolla en el ámbito de la comunidad humana y nunca puede ser del todo eficaz. Podemos actuar de la forma más escrupulosa posible, pero los resultados quedan más allá de nuestra esfera de “lo que depende de nosotros”. Realizamos la acción, con la máxima excelencia posible y después esperamos los resultados. Jugamos la partida empleando nuestras mejores habilidades, y después ya veremos si hemos ganado o no.

De la acción viene el deseo -o la aversión-, que se cumplirá o no, al final el deseo supone un actitud de espera. El filósofo, el aspirante a Sabio, debe ejercitarse en las tres disciplinas: evitando la frustración de los deseos no satisfechos, actuando de forma racional y sin negligencia y evitando el error en el asentimiento que damos a nuestros juicios.

Epicteto sitúa, a la hora de ejercitarse:

  • Primero: los deseos y aversiones. Hay que evitar aferrarse a deseos o aversiones que no dependen de nosotros ya que los acontecimientos son parte del fluir de la Naturaleza y, a veces, irá a nuestro favor y, a veces irá en su contra. Hemos de aceptar “la voluntad de los dioses” y centrarnos en el bien moral, en lo que depende de nosotros.
  • Segundo: los impulsos a la acción. Las acciones lidian con lo que no depende de nosotros. Es razonable seguir el instinto de conservación, o realizar acciones sobre cosas indifernetes pero preferibles, o intentar hacer prevalecer la justicia. Nuestras acciones deben estar en armonía con nuestra naturaleza. Pero el resultado de estas está más allá de nuestra esfera de poder, lo que no significa que “debamos jugar la partida” poniéndolo todo de nuestra parte.
  • Finalmente: el asentimiento. Intentar que nuestros juicios no agreguen nada subjetivo a la representación. Podemos tener un primer juicio que si lo analizamos friamente no se corresponde a la realidad. De ahí viene el asentimiento, asentimos si ese juicio es adecuado o lo rechazamos si no lo es. Debemos preservarnos del error, los únicos engañados somos nosotros mismos.

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Como nos dice Marco Aurelio en la cita de la izquierda. Le pide a Dios, pero como ya hemos visto, al final la responsabilidad cae plenamente en la voluntad del estoico y por tanto es necesario ejercitarse en:

 

  • Llevar a cabo las acciones adecuadas, las acciones virtuosas que nos acerquen a la Excelencia, al precio personal que sea necesario.
  • Ecuanimidad de ánimo para aceptar la realidad tal como es y.
  • Juicio, asentir qué es lo que depende de mi y lo que no, lo que puedo cambiar y lo que no puedo cambiar.

Bueno, pues ya lo sabemos. Ahora: ¡a practicar!

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6 comentarios en “El “gimnasio” estoico. Hay que “entrenar”.

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  6. Jeanine

    Yo tengo una pregunta. Estoy haciendo una investigación para un trabajo de tesis, necesito saber si en todas las etapas del estoicismo, consideraron la existencia del hegemonikón como parte rectora del alma. Si es así, podrían proporcionarme bibliografía para ratificarlo?
    Gracias

    Me gusta

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