El estoicismo de Epicteto

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Volvemos a uno de los “grandes” de la escuela clásica del estoicismo romano, a Epicteto, a modo de introducción tardía hacia alguno de sus aspectos generales de su enseñanza. Primero de todo, al modo de, casi, todos los filósofos antiguos, se inscribe dentro de una escuela específica, no busca la originalidad, la creación de un nuevo lenguaje más original, artificial e incomprensible. Al contrario, se inscribe a su escuela, en este caso el estoicismo y su enseñanza se centra en tres aspectos: En primer lugar, en explicar los textos de sus “predecesores”, en este caso básicamente Zenón y Crisipo. En segundo lugar, practicar los preceptos estoicos y servir de ejemplo a los discípulos de lo que representa la práctica de la filosofía, del amor a la sabiduría. Por último, en hacer practicar a los discípulos el modo de vida estoico, la búsqueda de la excelencia humana.

Desde Zenón a Epicteto trancurrieron nada menos que 4 siglos y por tanto es normal de que exista una evolución de la doctrina y algunas contribuciones por parte del maestro de cada momento. Históricamente el estoicismo nace de la fusión de la ética socrática, de la física de Heráclito y de la dialéctica aristotélica. Sin embargo, el rasgo más destacado del estoicismo no se basa en su fundación teórica sino en su orientación eminentemente práctica: todo se orienta y subordina a la búsqueda del bien moral, de la virtud o Areté. Idea clave es que para el hombre de bien, para el sabio, no hay mal posible, está en armonía con la Naturaleza y sus acontecimientos. Lao-tse hablaría de la armonía con el Tao que es un concepto que comprende todo: naturaleza, virtud, fluir…

La transmutación de los valores, el cambio en la concepción bueno/malo, se produce a través de una operación intelectual y ética, a través de un diálogo con uno mismo en el cual se reexaminan y evaluan los juicios que tenemos sobre la realidad. Cambiamos nuestra forma de ver en qué consiste la vida virtuosa a través de una operación de razonamiento, de evaluación de la realidad y de como nos afecta mediante la razón que, por otra parte, es un reflejo, una parte de la Razón Universal, que algunos llamarán Dios, Cosmos, Logos… El logos que gobierna el universo está reflejado en el logos que cada humano ejerce en su interior. La Razón o Logos se distribuye y extiende a través de todas las cosas, en la Naturaleza y en la razón del hombre. El hombre que vive en armonía con el Tao, fluye, goza y está inmunizado ante el sufrimiento. No podemos separar nuestra razón individual del curso de los acontecimientos del Universo, y no podemos actuar en línea con la virtud si nos oponemos al fluir cósmico.

El logos en el discurso humano se traduce en la Lógica, en el orden del Universo en la Física y en el razonamiento moral , en la Ética. La Racionalidad del universo se corresponde con la racionalidad de la conducta humana adecuada y con la racionalidad del juicio sobre la realidad que realizamos en nuestro interior.

Ante la crítica usual del estoicismo como doctrina “insensible”, cabe recalcar la importancia que se da a la coherencia. Por ejemplo, la existencia de cualquier ser viviente está ligada a la voluntad de sobrevivir, de conservarse a sí mismo, es parte de su naturaleza; y el estoico asume que esa voluntad natural es parte de su voluntad individual, de la razón individual y resulta transcendental actuar en coherencia con uno mismo, entendido como parte del todo. Según Zenón, vivir con una regla de vida, con una línea de virtuosismo personal, vivir de acuerdo al orden universal, ya que “…quienes viven en la incoherencia son desgraciados”. La coherencia no es más que la adhesión a la Razón o la  Naturaleza universal. Coherencia, Razón, Orden, Naturaleza, Tao, Dharma… al final a mi personalmente me suena todo a lo mismo, desde tal vez puntos de vista diferentes, pero en el fondo: lo mismo.

Una figura importante aquí es la del Sabio, pero el sabio no es el filósofo, el filósofo es un amante de la sabiduría, alguien que la busca, que la persigue, que lucha para alcanzarla. El Sabio es un ideal de Excelencia Humana. Como decía Aristóteles: “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito.”

El filósofo sabe que no es un sabio, sabe que no ha recorrido todo el camino (otra traducción posible de la palabra Tao), pues el sabio hace coincidir su razón individual con la Razón Universal, vive en armonía absoluta con la Naturaleza, con el Tao. Es un ideal difícilmente alcanzable ya que supone muchísimas cosas: fluir, aceptar la realidad tal como es, gozar del más pequeño detalle, sentir compasión por todos los seres… La filosofía en cambio no es más que un ejercicio, un ensayo de sabiduría realizado por un n0-sabio. Y no hay grados en el hecho de la no-sabiduría, es igual si estamos sumergidos a un palmo o a cien metros, nos ahogamos igual.

Platón nos habla de dos tipos de hombres no-sabios: los inconscientes de su estado e insensatos, que viven de espaldas a la Sabiduría, y los conscientes de su estado y que por tanto intentan progresar en el camino de la Virtud.  Fijaros que constantemente presento Sabiduría, Virtud, Naturaleza, Orden… como sinónimos.

El Sabio sería lo opuesto al no-sabio insensato y el no-sabio sensato, el filósofo, sería el término medio, el que esta en camino hacia. El sabio en cambio seria el que en cada momento esta en armonía con la Razón.

Una consecuencia importante de todo este “rollo” que estoy soltando es que lo importante no es el resultado o la eficacia de la acción de lo que hacemos, lo importante es intentar actual de acuerdo al Bien, con virtuosismo, dejando más allá el interés o el placer. El Bien por el bien el el único valor, lo único que necesitamos.

Los yoguis hablarían de la acción sin apegarse al resultado al Karma yoga, los taoísta nos hablarían de la acción sin acción del Wei, wu wei, al final actuar en armonia con el Tao o con el Logos. Pero esa es otra historia.

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3 comentarios en “El estoicismo de Epicteto

  1. ramón

    El artículo muy “científico” /académico al principio y mucho más accesible al final. Me quedo con lo de hacer el bien .”el bien por el bien es el único valor”…¿qué hacer entonces con aquellos que practican la antítesis de la Sabiduría y “hacen el mal por hacer el mal”????….

    Lo dejo en el aire.

    Me gusta

  2. Pingback: Virtud en construcción – Estoicismo Hoy

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