Técnicas psicológicas estoicas 1.

 

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy.

Séneca.

 

Introducción.

 

Ni “técnicas psicológicas”, ni “estoicas”. Para realizar el ideal estoico de Virtud, de Excelencia personal, de autocontrol… los estoicos eran conscientes de la necesidad de “entrenarse” psicológicamente. Digo que no son “técnicas psicológicas” pues han recibido diversos nombres a lo largo de la historia. Por ejemplo, P. Hadot las llama “ejercicios espirituales” pero muy consciente de la fuerte carga “cristiana” y “jesuítica” que tienen, aunque inmerecidamente, pues su uso es muy anterior al cristianismo. Tampoco “estoicas” pues son técnicas que han sido usadas por otras tradiciones que tienen una motivación “terapéutica”: cristianismo, budismo, epicureismo… Cuando hablamos de terapia, nos referimos a la terapia de la vida, a saber afrontar los reveses y a “salvarnos” de la desesperanza y la depresión. Pero para no extendernos en demasía hablamos de: estrategias de control de nuestro sistema operativo mental que nos ayuden a vivir una vida “virtuosa”, una vida que nos conduce a la excelencia humana.

Las técnicas psicológicas o ejercicios espirituales o lo que queramos llamarlo, tienen como objetivo el dominio de si mismo. Es una práctica voluntaria, personal destinada a producir una transformación del individuo. Cabe recalcar lo de “práctica”. Podemos teorizar filosóficamente sobre infinidad de variables, pero, en este caso, lo importante es practicar, entrenarnos para ser más resilientes y aprender a vivir nuestra vida con plenitud.

Estas técnicas pueden ser practicadas independientemente del sustrato teórico o ideológico que las sustentan. Es decir, una meditación budista, un recitación del nombre de Alá por parte de un sufí, un ejercicio espiritual jesuítico… si nos pueden ser válidos para crecer, bienvenidos sean.

Visualización negativa.

 

Ya hemos hablado de ella que era llamada praemeditatio malorum (pm). Consiste en visualizar o experimentar un revés futuro negativo posible de forma que, en el caso de que ocurra, estemos preparados para afrontarlo de forma positiva.

La pm más radical, y por tanto el más “potente”, es la meditación sobre la propia muerte. Ello implica una total conversión de la atención ya que, continuaremos haciendo lo que habitualmente hacemos, pero de otra forma, como si lo hiciésemos por primera vez, con una conciencia exacerbada. Lo importante de nuestra vida no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.

La pm nos ayuda a relativizar las cosas ajenas a nosotros, como en aquel dicho “aquello que podemos perder en un naufragio”. Cómo humanos, somos insaciables, cuanto más disfrutamos de algo, menos valor le damos. El fenómeno, en psicología se denomina “adaptación hedónica”. Esa adaptación nos lleva a “rutinizar” nuestra experiencia, a relativizar toda nuestra vida: nuestras relaciones, nuestra carrera profesional, nuestras posesiones… La mejor forma de disfrutar de la vida, es aprender a querer las cosas que ya tenemos. Como decía la canción de Kiko Veneno, hablando de una relación rota: “…lo mismo te echo de menos, lo mismo, que antes te echaba de más”.

El antídoto que proponen los estoicos, es precisamente la pm. Visualizar al abrazar a nuestro hijo que es mortal, que cualquier evento nos lo puede arrebatar, nos lleva a abrazarlo con más intensidad, con mayor “disfrute”. Vivir cada momento como si fuera el último, pero no para cambiar nuestra conducta, sino para cambiar nuestra actitud mental ante la vida.

Se ha tachado a los estoicos de seres insensibles, que están más allá del dolor. Pero ello no es así. El estoico llora por la muerte de sus hijos, como lloró Marco Aurelio la muerte de su preceptor. Su padre adoptivo Antonino dijo: “Dejadle ser hombre. Ni la filosofía ni el poder imperial suprimen los sentimientos”. Los sentimientos son naturales e involuntarios. Pero el estoico debe sobreponerse y evitar la turbación. Séneca decía que no tendría mérito soportar con valentía algo que no se siente. Es como la diferencia entre el valor y la temeridad. El valiente es el que supera sus miedos, el temerario es el que no tiene conciencia del peligro. Del mismo modo, el estoico siente el dolor, pero se sobrepone a él y “crece” sobre él. Si no siente el dolor, no es humano.

Séneca también decía que ninguna escuela filosófica mostraba mas amor a los hombres y mayor atención al bien común. El único mal es el mal moral, el resto (la enfermedad, los reveses del destino, la muerte…) no son más que parte integrante de la Vida. El único placer verdadero es el placer de existir, de vivir aquí y ahora.

La consecuencia principal de esta visualización es que nos devuelve a otras de las “técnicas psicológicas” a vivir el presente, o a la necesidad de mirar desde arriba.

 

Vivir aquí y ahora.

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hoy-aquc3ad-y-ahoraVivir el momento presente implica liberarse del peso del pasado y del temor por el porvenir. El presente es el único momento en el que podemos actuar, el único momento en el que podemos tener la actitud mental adecuada para que nuestra vida sea plena. O lo es ahora, o no lo será nunca. Cada momento presente nos ofrece la posibilidad de la felicidad, aquí y ahora.

La técnica de concentrarse en el momento presente no consiste en gozar, cuando se presenta, de un momento feliz, de un momento perfecto. Consiste en aprender a reconocer el valor infinito y gozoso de cada momento.

Así actúo con la máxima consciencia, de la mejor forma posible, sencillamente vivir ya que cada momento es un momento cósmico del cual yo formo parte. Vivir el presente como si viésemos el mundo por primera y última vez, gozando sencillamente de existir.

Hadot cita un poema llamado “Regla de vida”:

“¿Quieres, hermosa vida, modelarte?

Del pasado no tienes que preocuparte,

Lo menos posible enfadarte,

Del presente sin cesar te has de alegrar,

A ningún hombre tienes que odiar,

Y el futuro, a Dios confiarlo”

Vivir el momento presente es vivir como si viésemos el mundo por primera vez y desembarazarse así de la visión convencional y rutinaria de las cosas, volver a encontrar la visión ingenua de la realidad y apercibir el esplendor del mundo que normalmente se nos escapa, la maravilla de nuestra respiración.

Lucrecio decía: “…si el espectáculo del mundo se apareciese bruscamente e inopinadamente bajo nuestra mirada, la imaginación humana sería incapaz de imaginar nada más maravilloso”.

Aquí podemos encontrar dos vías principales. Por un lado la que utilizaban más los estoicos y los filósofos antiguos, que se basaba en la reflexión. Esta vía se encuentra también en el Jñana Yoga o en el Advaita Vedanta de la Índia. Pretende llegar a la aprehensión de lo inefable a través de la reflexión y el conocimiento. La otra vía es la vía de la meditación, del silencio interior, que ha sido utilizada por todas las tradiciones espirituales: budismo, taoísmo, cristianismo… e incluso por tradiciones contemporáneas laicas como Eckhard Tolle, que describe en su libro El poder del ahora del que presento un breve resumen en vídeo.

Si os interesa más información, aquí un conferencia en castellano:

Encontraremos ideas similares en las tradiciones Zen como la de Thich Nhat Hanh, pero por hoy no vamos a extendernos más.

Un cuento Zen, sobre la importancia de vivir por vivir.:

  • “Maestro ¿qué haremos hoy?
  • Nada
  • Pero eso ya lo hicimos ayer.
  • Sí, pero no acabamos”

 

 

Mirada desde “arriba”.

 

La mirada desde lo alto es una construcción mental, en la que, siguiendo la cultura griega, el hombre se acerca a los dioses pues aprende a ver la realidad desde otra perspectiva, “saliendo de la caja”. Desde lo alto vemos la conducta de los humanos como vemos la de las hormigas. Lo que a nuestro nivel vemos como de importancia capital, desde lo alto parecen ridículamente pequeñas e insignificantes. Una guerra como un combate de hormigas, las fronteras como líneas imaginarias que nada significan.

Colocarse en “lo alto” y mirar la realidad implica esforzarse en ser objetivo, imparcial como un historiador o un sabio, desprenderse del propio yo para abrirse a una perspectiva universal, a superar el punto de vista exclusivamente egoísta tomando consciencia de la pertenencia al Todo y de la pertenencia a la comunidad humana. A fin de cuentas, implica salir de nuestros propios límites y ser más libres.

La experiencia de la visión que domina las cosas, nos permite imaginar una visión mental que sobrevuela la tierra, a los seres humanos, a sus problemas, a nosotros mismos preocupándonos por pequeñeces.

Acudir a visualizar nuestro sistema operativo mental y observar como esta funcionando en un momento determinado, como esta percibiendo la realidad y juzgándola, como reacciona emocionalmente a la misma, como actuamos, frecuentemente sin ninguna coherencia racional,… es una forma de “salir de la caja”, de mirar desde arriba, de relativizar la situación de forma que, automáticamente, al tomar conciencia de nuestros automatismos, somos más libres para modificarlos y tomarnos la situación como mejor nos convenga para nuestro crecimiento como humanos excelentes.

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3 comentarios en “Técnicas psicológicas estoicas 1.

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