Ars moriendi 3 (1)

“La muerte, como el nacimiento, es un misterio de la naturaleza, combinación de ciertos
elementos (y disolución) en ellos mismos. Y en suma, nada se da en ella por lo que uno
podría sentir vergüenza, pues no es la muerte contraria a la condición de un ser inteligente ni tampoco a la lógica de su constitución”.

Marco Aurelio

Ante nuestra propia muerte.

Consideraremos Ars Moriendi 3 como como la forma de afrontar nuestra propia muerte y la forma más radical de la praemeditatio malorum, de la previsualización de los males posibles para entrenarnos a afrontarlos. En Ars moriendi 1 y Ars moriendi 2 ya hicimos dos aproximaciones a la actitud vital del estoico ante la muerte.

cementerioUn viajero caminaba hacia un poblado pero el camino pasaba por el cementerio del pueblo y el viajero se detuvo a visitarlo. Leyendo las lápidas observo: Fátima, 8 años y 10 meses; Ahmed, 6 años y 3 meses; Abraham, 7 años y 1 mes, y así todas. Al llegar al pueblo preguntó a un residente si tenían un cementerio sólo para niños y si enterraban a los mayores en otro lugar. El aldeano contestó: “!Oh¡, ¡no¡ Aquí cuando alguien muere en la lápida sólo se reflejan los años que realmente vivió esa persona, no el tiempo que su cuerpo estuvo en la tierra”.

Es una distinción importante la que hay entre estar vivo y vivir, entre vegetar o correr por la vida y realmente vivirla con conciencia y plenitud. No es lo mismo vivir mucho tiempo, que estar ahí mucho tiempo.

Paradójicamente, es muy frecuente que malgastemos el tiempo de forma inconciente sea sin hacer nada que nos enriquezca o nutra interiormente, o sea realizando actividades, muchas veces de forma frenética, que no nos conectan con la Vida, que nos ocupan la mente y nos hace esforzarnos en actividades que no aportan valor a nuestra vida, que no nos hacen “ricos” como personas. Pero en el momento de enfermar, estaríamos dispuestos a pagar cualquier precio para prolongar el tiempo de vida, un tiempo que hemos estado malgastando en actividades huecas que tal vez nos han permitido tener una gran casa, o disfrutar de noches de parranda y sexo, o alimentando nuestra vanidad… Todo eso al final tiene poco valor. El tiempo no es gratis.

En la entrada Practica y todo llegará ya vimos como el Maestro Zen Guishan nos urgía a vivir ¡ya!, a no “matar el tiempo” de forma vacía. O como decia Krishnamurti: “Ojalá que cuando te encuentre la muerte te encuentre bien vivo”. Somos avaros con nuestras posesiones pero, en cambio, somos derrochadores en lo único en que sería honroso ser tacaño: en el uso de nuestro tiempo.

Curiosamente el tiempo vacío nos produce ansiedad en forma de aburrimiento con lo que, es frecuente, huír hacia delante llenando el tiempo de actividades, las que sean, que nos permitan olvidarnos de nosotros mismos, de lo que es relamente importante… es como ocultar el vacío con una cortina que nos impide ver lo miserable que puede llegar a ser nuestra vida, nos entretenemos, ocupamos nuestra mente mientras que la vida va pasando. El pasado está ahí y no podemos modificarlo, entonces aceleramos al vida añorando el futuro que nunca llegará, viviendo el hastío del presente, pero sólo en el presente podemos realmente “vivir”.

Otra estrategia que utilizamos para no apurar, para no disfrutar de nuestra vida es el de posponerlo en el tiempo. Esperar a la jubilación, aplazar la vida hasta que nuestros hijos se hayan asentado, hasta que… A montar en bicicleta se aprende montando en bicicleta, a vivir se aprende viviendo y se aprende “ahora”. Posponer la vida o vivirla de forma superficial, no nos enseña a vivir y si no sabemos vivir, tampoco sabremos morir, la muerte nos alcanzará irremediablemente, tal vez por sorpresa, tal vez nos avisará con tiempo creándonos angustia, pero ahí estará. La vejez se va acercando día a día: ¿Eres conciente?. Como decia Virgilio, cada día que llega es el primero que se escapa y el problema del “ahora” es que es cortísimo y cuando nos distraemos ya se nos ha escapado pero, además, de forma contínua, el momento presente está ahí y lo dejamos escapar inconcientemente pero, de nuevo, estamos ante otro momento presente el cual, si no hacemos algo al respecto, se nos volverá a escapar.

Tampoco hemos de dejar que esta circunstancia, que la constancia del “tempus fugit”, nos cree ansiedad. Solo nos llevaria a acelerar aún más el proceso buscando llenar el tiempo para evitar la angustia en vez de buscar la forma de disfrutar la vida, de vivirla de forma más rica. La clave para ello es la conciencia, sin conciencia estamos medio muertos en cambio, la conciencia, sea en un estado de desocupación, o sea en un estado de actividad más o menos frenética, nos permite dar un paso atrás en nuestro estado mental y aprender a ver nuestra vida tal como es realmente y así poder adaptarnos a lo que realmente consideramos nuestros valores profundos. Nada tiene que ver si estamos en actividad o en reposo, sólo la conciencia nos permite vivir con autenticidad. Como alguien decía: aventura puede ser atravesar el Amazonas en canoa, pero también puede ser quedarse un domingo por la tarde en casa, sólo y sin nada que hacer.seneca2

Séneca recomendaba resignación estratégica ante la  inevitabilidad de la muerte “hay que ponerse en lo peor”, pero también, y muy importante actuar, Vivir, caminar hacia la Areté para “no estar muertos antes de morir”.

Continuaremos…

Un comentario en “Ars moriendi 3 (1)

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